La IA puede ayudar a entender la realidad, pero no sustituye el contacto con ella
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En Santander X Explorer, el uso de la IA se resume en la frase de aquí arriba. Bien utilizada, la inteligencia artificial es un arma muy poderosa para avanzar. Pero si se emplea únicamente para “resolver la papeleta”, se perderá un aprendizaje muy valioso.
Sin dicho aprendizaje, todos los pasos podrían llevar a un camino equivocado, ya que no se habrán dado en el mundo real y, lo más importante: carecerán de un criterio humano. La inteligencia artificial estará decidiendo por nosotros y sus resoluciones (sentimos decirlo) no servirán de nada, ya que no estarán edificadas sobre evidencias reales.
¿Pueden inventarse las evidencias y trabajar desde ahí?
Salir al mundo puede asustar un poco. La tentación de inventar un cliente o una intención de compra está ahí, pero todo hecho hipotético o no contrastado con la realidad llevará inevitablemente a una respuesta muy bonita y convincente… que seguirá siendo una suposición, no una evidencia. La IA debe ser utilizada para preparar esta salida al mundo y para analizarla después, en lugar de para evitarla.
Cuantas más evidencias reales se aportan (resultados, respuestas, comportamientos, datos), más útil resulta para encontrar patrones, contradicciones y aprendizajes. Cuando las señales recogidas (generadas por personas y comportamientos reales) se utilizan para que la IA formule hipótesis, diseñe experimentos o analice resultados, hay un aprendizaje. Ofrece una dirección que supone un avance.
La información que nos da la interacción con la realidad no puede ser sustituida por la IA.
Hechos vs. ideas
La forma en la que preguntamos a las inteligencias artificiales condiciona su respuesta, por eso es interesante pedirles que identifiquen lo que damos por supuesto, las afirmaciones que no están sustentadas en pruebas, los saltos en la lógica argumental o las debilidades de una idea.
Las explicaciones alternativas que pueda proponer la IA nos abrirán los ojos y nos llevarán a nuevas preguntas y aprendizajes, además de reforzar el proyecto. Evitaremos caer en la autoficción.
En Explorer proponemos “entrenar” la IA para que busque objeciones a los razonamientos o cuestione conclusiones. Aprenderemos a distinguir qué observamos realmente, qué interpretación hacemos de ello y qué imaginamos. La IA puede ayudar activamente a realizar esta separación.
Las decisiones siguen siendo nuestras
La IA nos ayuda a pensar, pero no debe decidir por nosotros si una hipótesis está validada, si es necesario iterar o si lo mejor es abandonar ese proyecto concreto y empezar de nuevo. Esa resolución debe apoyarse en las evidencias y, sobre todo, en nuestro propio criterio.
Por ello, después de utilizar una inteligencia artificial debemos preguntarnos: “¿Aquí hay aprendizaje o esto es simplemente una historia más convincente?”. Si hemos adquirido un nuevo conocimiento sobre el proyecto, la IA ha amplificado el proceso. Si solo ha hecho más creíble lo que ya pensábamos, estará alimentando la autoficción.
La función de la IA es desvelar un aprendizaje
La IA debe ayudar a comprender mejor una idea, hacer mejores preguntas y tomar decisiones más conscientes. Si hace el trabajo por nosotros y no aprendemos nada, no está cumpliendo su función.
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